El Sol de Mayo que nos dejaron los Incas
Belgrano soñó una monarquía con sangre andina. El plan no prosperó, pero su sol quedó para siempre en nuestra bandera — y en cada bombacha Autóctona.
Hay historias que parecen sacadas de una novela, pero son tan reales como la tierra que pisamos. Esta ocurrió en 1816, en el Congreso de Tucumán, cuando Manuel Belgrano presentó una propuesta que aún hoy asombra por su audacia: el Plan Inca.
Una monarquía con sangre andina
A la vista de hoy su propuesta puede parecer extraña, pero el contexto era crítico. Napoleón había caído en Europa, las monarquías volvían a imponerse y el proceso revolucionario en América parecía mostrar signos de agotamiento. Belgrano, que acababa de regresar de Europa sin conseguir apoyo para la causa independentista, entendió que había que pensar distinto.
Y en este caso eso significó proponer una monarquía constitucional en las Provincias Unidas del Río de la Plata, coronando como rey a un descendiente de la dinastía incaica y fijando la capital en el Cuzco. Los candidatos eran descendientes directos de la nobleza inca, como Juan Bautista Túpac Amaru, familiar del célebre rebelde de 1780.
Justicia, entusiasmo y unión continental
Belgrano fundamentó su plan en tres pilares:
- Un acto de justicia histórica: restituir el trono a la Casa del Inca, tan "inicuamente despojada" por la conquista española.
- Evitar futuras revoluciones: integrar a los pueblos indígenas al nuevo proyecto político.
- Sumar entusiasmo en el Alto Perú: cambiar la correlación de fuerzas en una región clave para la revolución.
El plan contó con el apoyo de José de San Martín —que lo calificó como "admirable"— y de Martín Miguel de Güemes, pero encontró feroz resistencia en los diputados porteños, que se burlaban con frases como "prefiero estar muerto que servir a un rey con ojotas". El proyecto finalmente fue rechazado, y la Argentina tomó el rumbo que conocemos.
El sol que sobrevivió al plan
Pero aquí viene lo que nos toca de cerca: aunque el Plan Inca no prosperó, su espíritu quedó grabado en el símbolo que identifica a nuestra bandera y que hoy reivindicamos.
El Sol de Mayo que hoy brilla en el centro de la celeste y blanca fue creado por Juan de Dios Rivera Túpac Amaru, un artista, platero y grabador nacido en el Cuzco en 1760, descendiente directo de la nobleza incaica.
Rivera había huido del Cusco tras la represión de la rebelión de Túpac Amaru II y se estableció en Buenos Aires, donde por su destreza como grabador recibió el encargo de diseñar el sello de la Asamblea del Año XIII, que luego se convertiría en el Escudo Nacional.
Cuando llegó el momento de grabar el sol, Rivera no dudó: plasmó el Inti, el Dios Sol de sus ancestros incas, con sus 32 rayos —16 rectos y 16 ondulados— y el rostro humano que lo caracteriza.
El sol que bordamos en nuestras bombachas es el Inti incaico que el sobrino del gran Túpac Amaru le regaló a la identidad argentina.
Vestir el sol es vestir una historia
Cuando usamos el sol bordado, más que un simple adorno estamos llevando el símbolo del proyecto continental de justicia que Belgrano supo ver, y de la mano del artista inca que plasmó su identidad en el corazón de nuestra bandera.
Autóctona: vestite con lo nuestro. Vestite con el sol de los incas, de Belgrano y de los que soñaron una América unida.
Fuentes: El Plan Inca. El audaz proyecto de Belgrano en tiempos de la independencia, de Ulises Bosia (Ed. Futurock) · elhistoriador.com.ar
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